La pelota ya rueda en el Mundial 2026 y la pregunta de siempre vuelve a flotar en cada conversación: ¿quién terminará levantando la Copa del Mundo? Intentar responderlo suele ser un ejercicio de intuición, patriotismo y alguna que otra superstición. Pero Steven Stern, profesor de ciencia de datos de la Universidad Bond, en Australia, decidió dejar las corazonadas de lado y recurrir a la ciencia.

Para ello construyó un sistema capaz de simular un millón de veces el torneo. El modelo calcula las probabilidades de cada equipo de superar cada ronda hasta llegar a la final y, finalmente, coronarse campeón.

¿El resultado? 

España aparece como la ligera favorita para conquistar el título, aunque por un margen tan estrecho que cualquier exceso de confianza sería prematuro. La Roja obtiene un 15,8 % de probabilidades de ganar el Mundial, apenas por delante de Francia (15,6 %) y Argentina (15,3 %). Inglaterra ocupa el cuarto lugar con un 11 %, más rezagada que el trío de cabeza. Según el análisis, esa diferencia podría deberse en parte a la caída de Inglaterra en la clasificación tras su derrota ante Japón en marzo. 

El "grupo de los nueve" sigue mandando

Estos cuatro son los únicos equipos por encima del 10 % y todos pertenecen a lo que el estudio bautiza como el "grupo de los nueve", Argentina, Brasil, Croacia, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y España. Desde 1998 este club se ha repartido el 78.6 % de los puestos en semifinales y el cien por cien de las finales. El último campeón ajeno a este club fue Uruguay, en 1950.

Argentina, Brasil y las opciones latinoamericanas

Para Latinoamérica, la noticia más destacada es la fortaleza de Argentina. La actual campeona del mundo no solo figura entre las máximas aspirantes al título, sino que además tiene una probabilidad cercana al 25 % de alcanzar la final según las simulaciones. Brasil también aparece entre los equipos con opciones reales, aunque bastante por detrás del cuarteto principal, con un 4,9 % de probabilidades de ganar el torneo. Más atrás figuran Colombia (2,1 %), México (1,6 %) y Uruguay (1,4 %), todos con opciones de título modestas, pero no nulas.

Para armar sus proyecciones, Stern recurrió al sistema Elo de la FIFA, un método que mide la fuerza relativa de cada selección según sus resultados y la calidad de los rivales que enfrentó, ajustando las puntuaciones partido a partido. A eso le sumó una distribución de diferencia de goles basada en una investigación del alemán Andreas Heuer, que le permitió incorporar las diferencias de goles en las simulaciones y modelar con más realismo el desarrollo del torneo.

48 equipos, ¿más sorpresas en el Mundial 2026?

El Mundial 2026 además rompe el molde, por primera vez serán 48 equipos en 12 grupos de cuatro, con una ronda eliminatoria extra y un salto de 64 a 104 partidos en total.

¿Y qué dice el modelo sobre este nuevo formato? Que la puerta se abre un poco, aunque no de par en par. Las simulaciones indican que las nueve potencias históricas ocuparían alrededor del 54,2 % de las plazas en semifinales, bien por debajo del 78.6 % acostumbrado, y la probabilidad de que el campeón salga de ese club cae a 72.6 %, lejos del 100 % que marcaba la historia reciente (con la salvedad de que esta vez Italia ni siquiera clasificó).

En otras palabras, los de siempre siguen mandando, pero el margen para la sorpresa crece. No al punto de convertir a un equipo modesto en candidato al título, pero sí lo suficiente para que selecciones de segunda fila sueñen con ir más lejos de lo habitual.

Para Stern, si la FIFA hubiera optado por grupos de seis en lugar de estirar el número de equipos, el reparto habría sido todavía más pareja, aunque al precio de jugar 136 partidos en vez de 104.

Si las simulaciones se acercan a la realidad, el Mundial 2026 podría ofrecer algo poco habitual, un mayor equilibrio. España, Francia y Argentina seguirán siendo los nombres de siempre, pero el formato parece dispuesto, por una vez, a dejarle una rendija abierta a quienes buscan romper décadas de orden establecido.

Tras medio siglo de incansable búsqueda, un equipo de astrofísicos de la Universidad de Northwestern (Reino Unido) ha encontrado pruebas concluyentes del poderoso viento que sopla desde el agujero negro supermasivo central de la Vía Láctea, Sagitario A* (Sgr A*), un hallazgo que supone un hito histórico de la astronomía.

Por qué los agujeros negros también expulsan materia

Según las leyes de la física teórica y los modelos aceptados sobre evolución galáctica, los agujeros negros no solo engullen materia, sino que, debido a la enorme energía generada en el proceso de acreción, también la expulsan en forma de viento o chorros (jets).

Sin viento, Sgr A* sería una anomalía inexplicable del universo, pero, hasta ahora, debido a las tremendas dificultades técnicas para observarlo, nadie había podido encontrar pruebas de su existencia.

Ahora, un estudio liderado Mark Gorski y Elena Murchikova, de Northwestern, ha proporcionado la imagen más detallada jamás obtenida de las interacciones entre Sgr A* y el entorno que lo rodea. Los hallazgos, que abren una nueva era en la comprensión de la física en el corazón galáctico, se han publicado en The Astrophysical Journal Letters. 

Aunque los agujeros negros son famosos por tragarse todo lo que se les acerca, no solo atraen la materia hacia adentro, también expulsan material.

A medida que el material gira en espiral hacia el interior de un agujero negro, se mueve cada vez más rápido, hasta que alcanza una velocidad cercana a la de la luz, lo que crea suficiente energía y presión para lanzar parte del material caliente hacia afuera en forma de vientos o chorros.

Los radiotelescopios ALMA mapearon el gas frío de monóxido de carbono que rodea a Sagitario A.*Los radiotelescopios ALMA mapearon el gas frío de monóxido de carbono que rodea a Sagitario A.*
Los radiotelescopios ALMA mapearon el gas frío de monóxido de carbono que rodea a Sagitario A.*Imagen: ESO/NAOJ/NRAO/ALMA

Cinco años de observaciones con ALMA

Si bien los astrónomos han detectado pruebas de erupciones pasadas de Sgr A*, no lograban detectar los flujos de salida que ocurren actualmente. Los autores creen que esto se debe probablemente a que Sgr A* se encuentra en una fase más silenciosa y es simplemente increíblemente difícil de ver.

"Para observar nuestro propio agujero negro, tenemos que mirar a través del plano de nuestra galaxia", dijo Murchikova. "Eso significa que tenemos que mirar a través de gas, polvo y estructuras ionizadas, y uno no puede ver realmente a través de todo eso con facilidad".

Ahora, con nuevas herramientas y observaciones, el equipo finalmente pudo mirar más de cerca. Utilizando cinco años de observaciones extraordinariamente profundas de los radiotelescopios del Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array (ALMA) en Chile, los autores construyeron la imagen más nítida jamás diseñada del gas molecular frío que rodea al agujero negro.

La imagen reflejaba el gas situado increíblemente cerca de Sgr A*, a una distancia de solo un pársec (o unos tres años luz) del agujero negro. 

Después, aplicaron un novedoso método de calibración para eliminar las brillantes señales de radio emitidas por el agujero negro. La imagen resultante es 100 veces más profunda y 80 veces más nítida que los mapas anteriores de la región, un nivel de detalle que reveló estructuras que antes eran invisibles. 

Una cavidad cónica revela el paso del viento

La característica más sorprendente fue una vasta cavidad en forma de cono (de casi un pársec de largo y 45 grados de ancho) estaba desprovista de gas molecular frío. 

Para los autores, la única explicación física para esta región hueca es el paso de un viento caliente y energético procedente de Sgr A* que, al avanzar, barre el gas frío o lo calienta a temperaturas tan altas que deja de ser detectable en los rangos de luz analizados.

"Si soplas material caliente desde el agujero negro, este no va a querer coexistir con el material frío", explica Gorski. 

"O bien va a empujar el material frío hacia afuera o lo va a calentar. Y, si está demasiado caliente, ya no verás el gas frío".

El observatorio de rayos X Chandra de la NASA confirmó las emisiones que corroboran el viento de Sgr A.*El observatorio de rayos X Chandra de la NASA confirmó las emisiones que corroboran el viento de Sgr A.*
El observatorio de rayos X Chandra de la NASA confirmó las emisiones que corroboran el viento de Sgr A.*Imagen: NASA/CXC/SAO/K. Arcand and P. Edmonds

Afirmaciones excepcionales, pruebas excepcionales 

Antes de anunciar que habían resuelto un misterio histórico, los autores siguieron analizando datos para confirmar aún más sus resultados. El Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA había señalado previamente emisiones brillantes de rayos X en la misma exacta región. 

En la misma ubicación que los rayos X brillantes, apareció una región hueca en forma de cono donde faltaba el gas frío.

"Las afirmaciones excepcionales requieren pruebas excepcionales", dijo Gorski. "Queríamos asegurarnos de que no estábamos viendo simplemente algún tipo de artefacto de la imagen. Luego, la imagen de rayos X de Chandra encajó perfectamente. Las características moleculares se alinearon".

Los astrofísicos estiman que el viento ha estado activo durante al menos 20.000 años, un hito que no solo demuestra que Sgr A* se comporta conforme a las teorías físicas establecidas, sino que ofrece una oportunidad única para estudiar agujeros negros en su estado dominante: una fase de calma y quietud que hasta ahora había permanecido oculta para los científicos. 

FEW (EFE, Universidad de Northwestern, The Astrophysical Journal Letters)

Desde 2022, unas extrañas señales de radio procedentes de la Vía Láctea han desconcertado a los astrónomos. Llegaban del plano galáctico con una cadencia aparentemente imposible; eran demasiado lentas para ser púlsares y demasiado regulares para ser solo ruido. Los llamaron transitorios de radio de largo período (LPT, por sus siglas en inglés), y durante años nadie supo qué eran.

Ahora, un estudio publicado en Nature Astronomy y liderado por un equipo internacional de astrónomos de la Universidad de Sídney ha realizado un hallazgo que podría cambiar esa situación.

El astrofísico Kovi Rose y sus colegas lograron rastrear uno de estos misteriosos pulsos hasta su fuente y han encontrado algo que nadie esperaba, o quizás sí, pero nunca con tanta claridad. 

Un sistema binario en el corazón del misterio

El objeto en cuestión se llama ASKAP J1745−5051. Es un sistema binario formado por una enana blanca –un núcleo estelar muerto del tamaño aproximado de la Tierra, pero con una masa cercana a la del Sol– y una enana roja de apenas una décima parte de esa masa.

Las dos orbitan una alrededor de la otra a una distancia tan corta que completan una vuelta completa en poco más de 81 minutos, según informa Science Alert.

A esa proximidad extrema, la gravedad de la enana blanca desgarra material de su compañera y lo arrastra hacia sí. El resultado son ráfagas periódicas de ondas de radio y rayos X que se repiten con cada órbita, como un faro cósmico con una regularidad extraordinaria.

Kovi Rose, de la Universidad de Sídney, frente a una visualización del sistema binario ASKAP J1745−5051.Kovi Rose, de la Universidad de Sídney, frente a una visualización del sistema binario ASKAP J1745−5051.
Kovi Rose, de la Universidad de Sídney, frente a una visualización del sistema binario ASKAP J1745−5051.Imagen: Dr Kirsten Banks (OzGrav)

La "piedra de Rosetta" de las señales cósmicas

Una de las razones por las que este sistema resulta tan interesante es que combina características que hasta ahora se habían observado por separado en distintos transitorios. 

Según recoge Science Alert, combina una enana blanca, una compañera binaria, actividad magnética intensa, emisión de radio, emisión de rayos X y transferencia de materia entre las estrellas. Ningún otro LPT conocido había reunido todas esas características de forma tan clara y simultánea.

Por ello, los investigadores lo describen como una posible "piedra de Rosetta" para estos fenómenos. La referencia al célebre hallazgo arqueológico no es casual: así como la Piedra de Rosetta permitió descifrar los jeroglíficos egipcios al presentar un mismo texto en diferentes escrituras, este sistema, que reúne en un solo objeto varias de las pistas observadas anteriormente por separado, podría ayudar a interpretar otras señales similares.

Y el hallazgo no es menor. Como explica el propio Rose en un artículo para The Conversation, hasta ahora se habían detectado apenas una docena de estos transitorios en distintos rincones de la galaxia, pero el origen de la mayoría seguía siendo un misterio.

La hipótesis más popular los atribuía a púlsares –estrellas de neutrones en rotación–, pero presentaba un problema: los modelos físicos indican que una estrella de neutrones que gire tan lentamente no debería ser capaz de emitir señales de radio, por lo que la explicación no cuadraba.

En ese contexto, el nuevo hallazgo refuerza una teoría alternativa, según la cual al menos algunos de estos transitorios provienen de sistemas binarios con enanas blancas en proceso de acreción, lo que los astrónomos llaman variables cataclísmicas.

Rayos X, radio y campos magnéticos: el mecanismo en dos actos

En el caso de ASKAP J1745−5051, las evidencias obtenidas para este sistema son especialmente sólidas. Las observaciones ópticas del telescopio SOAR confirmaron la naturaleza binaria del sistema. El observatorio Swift de la NASA y el Einstein Probe detectaron los rayos X. Y el radiotelescopio ASKAP, de la CSIRO australiana, registró con gran precisión los destellos de radio.

Ilustración artística del sistema binario ASKAP J1745−5051: la enana blanca acreta material de la enana roja, generando pulsos de radio y rayos X.Ilustración artística del sistema binario ASKAP J1745−5051: la enana blanca acreta material de la enana roja, generando pulsos de radio y rayos X.
Ilustración artística del sistema binario ASKAP J1745−5051: la enana blanca acreta material de la enana roja, generando pulsos de radio y rayos X.Imagen: Carl Knox (OzGrav/Swinburne) and Dr Joshua Preston Pritchard (CSIRO)

En conjunto, las observaciones permiten reconstruir un posible mecanismo en dos actos.

Primero, el material arrancado de la enana roja cae sobre la superficie de la enana blanca, se calienta hasta alcanzar millones de grados y emite rayos X. 

Segundo, la interacción entre los poderosos campos magnéticos de ambas estrellas –miles de veces más intensos que los de una máquina de resonancia magnética, según describe Rose– aceleraría partículas cargadas responsables de los pulsos de radio.

Curiosamente, como indica un comunicado de la Universidad de Sídney, las dos señales no alcanzan su máximo al mismo tiempo, lo que sugiere que se originan en regiones distintas del sistema.

A pesar de las detalladas mediciones, la distancia exacta del objeto sigue siendo incierta. De acuerdo con Science Alert, las estimaciones lo sitúan entre 1.300 y 30.000 años luz de la Tierra, un rango extraordinariamente amplio que pone de manifiesto las dificultades que todavía existen para determinar con precisión la distancia a este tipo de sistemas.

Preguntas abiertas sobre los transitorios de largo período

Aun así, esa incertidumbre no opaca el valor del descubrimiento. "Algunos objetos similares se habían relacionado con sistemas binarios anteriormente", señala la astrofísica Tara Murphy, de la Universidad de Sídney, "pero este es el primero en el que podemos ver claramente tanto las estrellas como el proceso de acreción en acción", añade.

Por ahora, el equipo, que reunió a científicos de Estados Unidos, China, Canadá, España, Israel y Australia, tiene previsto continuar las observaciones combinando múltiples tipos de telescopios. La pregunta que queda abierta es si todos los transitorios de largo período comparten este mismo origen o si algunos responden a una física diferente.

"Cada nuevo descubrimiento nos ayuda a completar el panorama general", dice Rose. "Apenas estamos empezando a comprender esta nueva clase de fenómenos cósmicos".

Una nueva pastilla ayudó a personas con cáncer de páncreas avanzado a vivir más tiempo, informaron este domingo (31.05.2026) investigadores, lo que abre esperanzas de mejores tratamientos para uno de los tipos de cáncer más letales.

"No cura el cáncer, pero es un paso muy importante hacia adelante", dijo el doctor Zev Wainberg, de la Universidad de California en Los Ángeles, quien codirigió el estudio.

El medicamento se llama daraxonrasib y bloquea una proteína mutada que impulsa el crecimiento tumoral en más del 90 % de los casos de cáncer de páncreas, una diana terapéutica que había esquivado los tratamientos durante décadas.

Un fármaco que casi duplica la supervivencia

Las pastillas de uso diario casi duplicaron el tiempo de supervivencia, con menos efectos secundarios graves, en un estudio que asignó aleatoriamente el fármaco experimental o más quimioterapia a 500 pacientes con cáncer metastásico –es decir, en diseminación– que había dejado de responder a tratamientos previos. 

Los resultados fueron publicados en el New England Journal of Medicine y presentados el domingo en la reunión de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) en Chicago.

Quienes tomaron daraxonrasib vivieron una mediana de 13,2 meses, frente a los 6,7 meses del grupo que recibió quimioterapia. Aunque la diferencia pueda parecer modesta, Wainberg señaló que se trata del primer fármaco que demuestra una ventaja sustancial sobre la quimioterapia.

 

"Habiendo tratado el cáncer de páncreas durante 16 años, me puse a llorar" al ver por primera vez los resultados del estudio, dijo la doctora Rachna Shroff, del Centro Oncológico de la Universidad de Arizona, quien no participó en la investigación, desde la reunión de ASCO. 

Le impresionó que "los pacientes se mantuvieran en este tratamiento porque les aportaba un beneficio duradero y significativo".

El efecto de las pastillas termina por disminuir, pero quienes las tomaron las usaron durante un período significativamente más largo que el que el grupo de comparación se mantuvo en quimioterapia, y reportaron menos dolor y mejor calidad de vida mientras sus tumores se reducían.

Muchos seguían usando el medicamento cuando se analizaron los datos, lo que según Wainberg indica que la brecha de supervivencia puede ampliarse a medida que los investigadores continúen el seguimiento.

El doctor Brian Wolpin, del Instituto Oncológico Dana-Farber, presentó los hallazgos el domingo. Afirmó que el fármaco debería convertirse en "un nuevo estándar de atención" para el cáncer de páncreas metastásico previamente tratado, y añadió que los investigadores también explorarán su uso en etapas más tempranas de la enfermedad, incluso para determinar si la reducción tumoral podría permitir que más pacientes sean candidatos a cirugía.

Los efectos secundarios con mayor probabilidad de afectar el uso de la pastilla son un sarpullido que puede volverse grave y llagas en la boca, indicó.

 

El laboratorio Revolution Medicines financió el estudio y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) planea agilizar la revisión del fármaco. Mientras tanto, la agencia permite lo que se denomina "acceso expandido" al medicamento experimental para pacientes que cumplen ciertos criterios. 

El fármaco atrajo la atención pública cuando el exsenador estadounidense Ben Sasse describió en 60 Minutes cómo ha experimentado menos dolor desde que lo toma. Los oncólogos están siendo inundados de solicitudes a medida que el programa de acceso especial comienza a operar.

El cáncer de páncreas, uno de los más letales

El cáncer de páncreas es uno de los más letales, en gran medida porque es difícil de detectar antes de que comience a extenderse a otros órganos. 

La Sociedad Estadounidense del Cáncer estima que este año se diagnosticarán en Estados Unidos unos 67.000 nuevos casos y que más de 52.000 personas morirán por esta enfermedad. La tasa de supervivencia global a cinco años es del 13 %.

A diferencia de otros cánceres que se han beneficiado de diversas alternativas a la quimioterapia, el cáncer de páncreas ha sido más difícil de abordar.

Especialistas en oncología ajenos a la investigación expresaron optimismo ante la posibilidad de que esto marque un punto de inflexión en la búsqueda de nuevas opciones, con decenas de fármacos experimentales en desarrollo.

El nuevo medicamento actúa sobre mutaciones en la familia de genes RAS, que normalmente regula el crecimiento celular. Las llamadas mutaciones KRAS son especialmente determinantes en el impulso del cáncer de páncreas. 

Sin embargo, una estructura que dificultaba que los fármacos se adhirieran a las proteínas mutadas había hecho que este impulsor del cáncer fuera considerado durante mucho tiempo como "intratable" farmacológicamente.

Cómo actúa daraxonrasib sobre las mutaciones KRAS

El fármaco de Revolution Medicines utiliza lo que en esencia es un pegamento molecular para unirse a múltiples subtipos de KRAS. Wainberg señaló que los investigadores analizarán a continuación si el fármaco funcionó mejor en algunos de esos subtipos.

El medicamento transformará el tratamiento del cáncer de páncreas, afirmó el doctor Andrew Coveler, del Centro Oncológico Fred Hutchinson, quien tampoco participó en la investigación.

"Este mecanismo funciona de una manera radicalmente diferente", dijo.

Wainberg indicó que otros fármacos en desarrollo apuntan a subtipos específicos de KRAS. Otros enfoques en fases más tempranas de evaluación incluyen vacunas diseñadas para prevenir la recurrencia tras la cirugía de cáncer de páncreas, enseñando al sistema inmunitario a reconocer la proteína mutada.

FEW (AP, New England Journal of Medicine)

El Tyrannosaurus rex es famoso por dos cosas aparentemente contradictorias: fue uno de los depredadores más temibles que jamás pisó la Tierra y, al mismo tiempo, tenía unos brazos diminutos que parecen sacados de una broma evolutiva.

Ahora, un nuevo estudio liderado por investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge ofrece nueva evidencia a favor de una hipótesis largamente discutida: estos depredadores fueron dependiendo cada vez más de la fuerza de sus mandíbulas para capturar y someter a sus presas, mientras que las extremidades delanteras simplemente habrían ido perdiendo relevancia hasta reducirse progresivamente con el paso de la evolución.

Cinco linajes, una misma solución evolutiva

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B, analizó datos de 85 especies de terópodos –dinosaurios bípedos y en su mayoría carnívoros– y encontró evidencia de que el acortamiento de los brazos apareció de manera independiente en al menos cinco grupos distintos: tiranosaurios, abelisaurios, carcarodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios. 

Aunque pertenecían a ramas evolutivas diferentes y vivieron en épocas y regiones muy alejadas entre sí, todos evolucionaron hacia extremidades delanteras notablemente reducidas, aunque mediante procesos anatómicos distintos.

"El Carnotaurus tenía unos brazos ridículamente pequeños, incluso más que los del T. rex", señala Charlie Scherer, autor principal y estudiante de doctorado en la UCL.

Cinco grupos de terópodos evolucionaron de forma independiente hacia extremidades delanteras diminutas.Cinco grupos de terópodos evolucionaron de forma independiente hacia extremidades delanteras diminutas.
Cinco grupos de terópodos evolucionaron de forma independiente hacia extremidades delanteras diminutas.Imagen: Chase Stone/REUTERS

Mandíbulas letales, brazos diminutos

El análisis encontró que los dinosaurios con cráneos más resistentes y mandíbulas más potentes tendían también a desarrollar brazos más pequeños. Para analizar esta relación, los investigadores diseñaron un método capaz de evaluar la robustez del cráneo utilizando distintos factores anatómicos, entre ellos la forma de la cabeza, la resistencia de las uniones óseas y la fuerza estimada de la mordida.

Según el estudio, el T. rex obtuvo la puntuación más alta, seguido del Tyrannotitan, un terópodo de tamaño similar que vivió en la actual Argentina más de 30 millones de años antes.

Esta correlación se mantuvo independientemente del tamaño corporal. El Majungasaurus, depredador de Madagascar de hace 70 millones de años, pesaba apenas 1,6 toneladas –una quinta parte del T. rex– y presentaba el mismo patrón de cabeza robusta y brazos diminutos.

¿Qué llevó a estos animales a apostar casi todo por las mandíbulas? 

La respuesta, según los investigadores, probablemente esté en el tamaño de sus presas. En los mismos ecosistemas donde aparecieron estos grandes depredadores también vivían saurópodos gigantescos, herbívoros de cuello largo que alcanzaron dimensiones descomunales. Enfrentarse a animales de ese tamaño habría favorecido el uso de mandíbulas capaces de morder y sujetar con enorme fuerza, mientras las garras delanteras iban perdiendo utilidad como herramienta principal de caza.

"Intentar tirar y agarrar a un saurópodo de 30 metros con las garras no es lo ideal. Atacar con las mandíbulas podría haber sido más eficaz", explica Scherer.

El "Majungasaurus" de Madagascar presentó el mismo patrón de cabeza robusta y brazos pequeños que el "T. rex".El "Majungasaurus" de Madagascar presentó el mismo patrón de cabeza robusta y brazos pequeños que el "T. rex".
El "Majungasaurus" de Madagascar presentó el mismo patrón de cabeza robusta y brazos pequeños que el "T. rex".Imagen: Dreamstime/IMAGO

Una posible explicación es que mantener al mismo tiempo una cabeza enorme y unas extremidades delanteras podría haber implicado un elevado coste energético. "Es un caso clásico de úsalo o piérdelo", resume el investigador. Con el tiempo, "la cabeza sustituyó a los brazos como método de ataque".

No todos los terópodos siguieron el mismo camino

Claro que no todos los grandes terópodos siguieron esa ruta evolutiva. Los espinosaurios y los megaraptoranos conservaron brazos largos y relativamente desarrollados, combinados con cráneos más estrechos. Y aunque los brazos del T. rex parezcan absurdos vistos desde hoy, probablemente no eran completamente inútiles: algunas estimaciones previas sugieren que aún podían levantar más de 100 kilogramos, por lo que es posible que siguieran cumpliendo funciones secundarias.

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