Como bien sabemos, los virus no descansan, y quienes los estudian tampoco. Ahora, ya entrado 2026, la actualidad nos presenta un panorama viral complejo que mantiene en alerta a los especialistas en enfermedades infecciosas. Lejos de que la era pandémica haya quedado atrás, una combinación de factores –calentamiento global, crecimiento poblacional y mayor movilidad humana– está creando condiciones cada vez más favorables para que los virus evolucionen y se propaguen con una velocidad cada vez mayor.

En un artículo publicado en The Conversation, Patrick Jackson, profesor adjunto de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, identifica tres virus que merecen especial vigilancia este año: la gripe aviar H5N1, el mpox y el poco conocido virus Oropouche.

Aunque muy distintos entre sí, todos comparten un rasgo inquietante: han cruzado nuevas fronteras y ampliado su alcance, y ahora podrían estar preparándose para dar el siguiente salto. Esto no implica alarmismo, sino vigilancia estratégica frente a amenazas reales que ya muestran señales de expansión.

Virus Oropouche: la amenaza emergente que avanza desde el Amazonas

Probablemente el menos conocido de los tres, pero cada vez más mencionado en los círculos científicos, el virus Oropouche se transmite por mosquitos diminutos y provoca síntomas similares a los de la gripe. Fue identificado en la década de 1950 en Trinidad y, aunque por mucho tiempo se pensó limitado al Amazonas, desde los 2000 ha ido extendiéndose por América del Sur, Central y el Caribe.

En 2024 se documentaron por primera vez muertes asociadas al virus en Brasil y comenzaron a registrarse en Europa casos vinculados a viajeros infectados, según reportó IFL Science. Además, se detectaron episodios de transmisión vertical –de madre a hijo– y se investiga una posible relación con casos de microcefalia. 

Todo esto resulta especialmente inquietante porque el insecto transmisor ya se ha adaptado a amplias zonas del continente y, dentro de Estados Unidos, también está presente en regiones del sureste. Por ahora, además, no existe ni vacuna ni tratamiento específico.

Ante este escenario, como recogió IFL Science, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el 5 de enero de 2026 una hoja de ruta para acelerar el desarrollo de herramientas de prevención y control contra el Oropouche.

El virus Oropouche se transmite por mosquitos que proliferan en zonas con acumulación de residuos, especialmente en áreas urbanas de América Latina y el Caribe.El virus Oropouche se transmite por mosquitos que proliferan en zonas con acumulación de residuos, especialmente en áreas urbanas de América Latina y el Caribe.
El virus Oropouche se transmite por mosquitos que proliferan en zonas con acumulación de residuos, especialmente en áreas urbanas de América Latina y el Caribe.Imagen: Desmond Boylan/AP/picture alliance

Gripe aviar H5N1: del ganado a los humanos

La gripe A ha sido históricamente una amenaza constante debido a su rápida capacidad de mutación y a su facilidad para infectar distintas especies. La última gran pandemia gripal, causada por la cepa H1N1 en 2009, provocó más de 280.000 muertes en su primer año, según The Conversation.

Pero ahora la atención se centra en el H5N1, conocido como gripe aviar. Este virus dejó de ser un asunto exclusivo de aves en 2024, cuando fue detectado por primera vez en vacas lecheras de Estados Unidos. Este salto de especie generó preocupación entre los expertos, ya que la detección no fue un episodio único; el virus comenzó a reaparecer en rebaños repartidos por varios estados. Según Jackson, los estudios ya sugieren que ha habido numerosas transmisiones de vacas a humanos, muchas sin síntomas aparentes.

El verdadero temor es que el virus consiga lo que todavía no ha logrado: adaptarse para transmitirse eficazmente entre personas. Ese sería un paso necesario para que pudiera surgir una nueva pandemia. 

Por ahora, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) han reportado 71 casos humanos y dos muertes desde 2024, y no existe evidencia de transmisión comunitaria sostenida. Aun así, ya se están desarrollando vacunas específicas, ya que las formulaciones actuales probablemente no ofrecerían protección suficiente frente a esta cepa

Mpox: dos variantes en circulación global

Durante décadas, el mpox –antes conocido como viruela del simio– fue una enfermedad poco frecuente y prácticamente confinada a ciertas regiones de África. Todo cambió en 2022, cuando un brote global del clado IIb se propagó a más de cien países. 

La transmisión por contacto físico cercano, en muchos casos durante relaciones sexuales, marcó un antes y un después, y desde entonces esta variante dejó de ser un fenómeno localizado para convertirse en un virus que hoy circula de forma recurrente en distintos países del mundo.

Pero lo más preocupante está ocurriendo en paralelo: desde 2024, países del África central han reportado aumentos en infecciones por el clado I, considerado más severo. Incluso Estados Unidos ha notificado casos recientes del clado Ib en personas sin historial de viaje a África. Aunque existe una vacuna, todavía no hay un tratamiento específico, y los expertos advierten que la evolución del virus durante 2026 aún podría generar nuevos desafíos sanitarios.

Partículas del virus mpox (en verde) sobre células infectadas, observadas mediante microscopía electrónica de barrido con colorización artificial.Partículas del virus mpox (en verde) sobre células infectadas, observadas mediante microscopía electrónica de barrido con colorización artificial.
Partículas del virus mpox (en verde) sobre células infectadas, observadas mediante microscopía electrónica de barrido con colorización artificial.Imagen: NIH-NIAID/IMAGE POINT FR/BSIP/picture alliance

Sarampión, chikunguña y otras amenazas virales en 2026

Más allá de estos tres protagonistas, otros virus también comienzan a generar inquietud. El chikunguña, por ejemplo, provocó más de 445.000 casos sospechosos y confirmados en 2025, con al menos 155 muertes reportadas hasta septiembre, según IFL Science. 

Al mismo tiempo, el virus Nipah vuelve a estar bajo vigilancia tras un reciente brote en Bengala Occidental, aunque los especialistas subrayan que, por ahora, no muestra capacidad para provocar una pandemia.

Y luego están los viejos conocidos, aquellos que muchos creían ya controlados. El sarampión, por ejemplo, ha reaparecido con fuerza en distintos países debido al descenso en las tasas de vacunación, poniendo incluso en riesgo el estatus de eliminación en lugares como Estados Unidos. 

Al mismo tiempo, algunos expertos advierten que enfermedades como el VIH podrían experimentar un repunte si continúan los recortes en programas internacionales de cooperación sanitaria.

Todo esto recuerda que la sensación de que la pandemia de COVID-19 fue un episodio excepcional y completamente superado podría ser prematura.

La lección, por ahora, parece clara: en un mundo donde los ecosistemas cambian y la movilidad humana facilita la circulación de patógenos, la vigilancia y la preparación constante siguen siendo herramientas clave para evitar que brotes locales se conviertan en crisis globales.

Un grupo de científicos encontró el fósil de una criatura que vivió hace unos 307 millones de años y que podría ser el vertebrado herbívoro terrestre más antiguo jamás descubierto, detalla un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution.

El cráneo de este animal llamado Tyrannoroter heberti, encontrado en Nueva Escocia (Canadá), aporta pistas clave sobre cómo evolucionaron las primeras dietas vegetales en tierra firme.

Su nombre significa "excavador tirano", porque se asume que era relativamente grande para su época y que excavaba madrigueras. El resto del nombre honra al investigador Brian Hebert, quien halló el fósil en un acantilado rocoso de la isla de Cabo Bretón.

Los herbívoros aparecieron antes de lo que se pensaba

El animal vivió durante el Periodo Carbonífero, cuando extensos bosques cubrían gran parte del planeta. Su descubrimiento muestra que los ecosistemas terrestres dominados por herbívoros surgieron mucho antes de lo que se pensaba.

"Significa que los componentes esenciales de los ecosistemas terrestres que reconocemos hoy —dominados por herbívoros— han existido y se han mantenido desde el Periodo Carbonífero", afirma el coautor y paleontólogo Arjan Mann, del Field Museum de Chicago.

Cómo era Tyrannoroter heberti

Aunque parecía un dinosaurio o un reptil, T. heberti pertenecía a los microsaurios, un antiguo grupo de vertebrados de cuatro patas llamados tetrápodos.

Su cráneo de unos 10 cm era muy robusto, e indicaría que el animal medía cerca de 30,5 cm de largo y tenía un cuerpo similar al de un escinco de lengua azul (Tiliqua scincoides).

Fósil sostenido por el investigador Arjan Mann.Fósil sostenido por el investigador Arjan Mann.
Cráneo del "Tyrannoroter heberti".Imagen: Field Museum/REUTERS

Los investigadores examinaron el interior de su cráneo mediante tomografía computarizada y descubrieron docenas de dientes cónicos en el paladar. Su cabeza triangular permitía alojar grandes músculos en las mejillas, y su boca contenía dientes especializados para triturar y moler plantas duras.

"Los rasgos que indican herbivoría incluyen su hocico inclinado hacia abajo —angulado de forma óptima para cortar plantas bajas—, grandes cavidades para albergar potentes músculos para procesar plantas y, lo más importante, una boca llena de campos dentales opuestos: uno en el paladar que encaja con otro en la mandíbula inferior", explica la autora y paleontóloga Hillary Maddin, de la Universidad de Carleton en Ottawa.

Un paso clave en la evolución de las dietas

Los tetrápodos evolucionaron a partir de peces con aletas carnosas hace unos 375 millones de años. Los primeros eran carnívoros, pero con el tiempo algunos comenzaron a alimentarse de insectos y luego de plantas.

T. heberti "es el vertebrado terrestre herbívoro más antiguo y completo que muestra adaptaciones para procesar material vegetal con alto contenido de fibra", indica Mann.

Otro animal de la época, Melanedaphodon, consumía plantas blandas e insectos, pero T. heberti estaba mejor adaptado para procesar vegetación dura. Comer insectos pudo haber sido un paso evolutivo previo hacia la herbivoría.

Qué revela el hallazgo sobre la vida antigua

Durante décadas se creyó que los verdaderos herbívoros vertebrados aparecieron hacia el final del Carbonífero, hace unos 299 millones de años. Este descubrimiento sugiere que la diversificación ocurrió antes y más rápido.

"Los vertebrados se diversificaron en nichos modernos —incluida la herbivoría— mucho más rápidamente de lo que pensábamos", señala Maddin.

El estudio "refuerza la idea de que la insectivoría probablemente fue una preadaptación para la herbivoría, y que al comer insectos herbívoros tempranos, los tetrápodos adquirieron secundariamente la flora intestinal necesaria para procesar material vegetal", concluye Mann.

JU (Reuters, IFLScience, Nature Ecology & Evolution)

Todos miramos el reloj. A veces con ansiedad, otras por rutina, pero siempre confiando en que el tiempo fluye como un río desde el pasado hacia el futuro, avanzando de forma implacable. O, al menos, así lo sentimos. Sin embargo, en la física teórica y la filosofía de la física, lo que nos parece una certeza parece no existir: ¿y si ese flujo no fuera más que una ilusión?

Durante décadas –e incluso siglos– científicos y filósofos, desde Aristóteles hasta san Agustín, han intentado desentrañar la verdadera naturaleza del tiempo. Lo que han descubierto –o, más bien, aquello que aún no han logrado explicar– sugiere que el tiempo podría no ser exactamente lo que creemos.

"El tiempo es el elemento discordante", explica a New Scientist Nicole Yunger Halpern, física del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología en Maryland. "El tiempo parece más un componente de la teoría que introducimos manualmente que una propiedad natural".

Tres versiones del tiempo que la física no logra reconciliar

Para los físicos, el tiempo es un problema que aparece bajo al menos tres versiones difíciles de reconciliar entre sí. De hecho, la física moderna ofrece un panorama desconcertante sobre su verdadera naturaleza.

Primero está el llamado "tiempo coordinado": en muchas de las ecuaciones que describen fenómenos físicos –desde el movimiento de una pelota de tenis hasta la desintegración de núcleos atómicos– el tiempo aparece simplemente como un parámetro matemático, una coordenada numérica que permite indicar en qué momento ocurre un evento. En ese marco, el tiempo no aparece como algo que fluya, sino como un parámetro que permite ordenar los cambios.

Albert Einstein revolucionó la física al demostrar que el tiempo relativista no es un reloj común para todos sino parte del espacio-tiempo.Albert Einstein revolucionó la física al demostrar que el tiempo relativista no es un reloj común para todos sino parte del espacio-tiempo.
Albert Einstein revolucionó la física al demostrar que el tiempo relativista no es un reloj común para todos sino parte del espacio-tiempo.Imagen: UIG/IMAGO

Luego aparece el tiempo relativista. Albert Einstein complicó aún más el panorama al demostrar que el "ahora" no es universal. La relatividad muestra que dos observadores que se mueven a velocidades distintas pueden discrepar sobre el orden de los acontecimientos. El tiempo deja entonces de ser un reloj común para todos y pasa a formar parte del tejido del espacio-tiempo, una dimensión más que se ve afectada por la gravedad y el movimiento.

Y finalmente, está el tiempo termodinámico, quizá la única pista clara de que el tiempo parece avanzar en una sola dirección. Esa flecha temporal surge de la segunda ley de la termodinámica, según la cual la entropía, que describe el grado de desorden de un sistema, tiende a incrementarse. Por eso un vaso que cae al suelo se rompe en pedazos, y el humo se dispersa en el aire, pero ninguno de los dos procesos ocurre espontáneamente en sentido contrario.

El problema es que ninguna de estas versiones encaja del todo con nuestra experiencia subjetiva del tiempo, ni entre ellas. Peor aún: muchas de las ecuaciones más fundamentales funcionan igual hacia adelante que hacia atrás. No hay, en los números, una flecha que apunte al futuro.

Para algunos pensadores, como el filósofo Adrian Bardon, eso que sentimos como el "fluir del tiempo" no es más que una historia que nos contamos. Según explicó en Viceel cerebro construye una línea temporal para dar coherencia a la experiencia y, al igual que con el color, confundimos esa construcción con una propiedad del mundo externo. 

La relatividad refuerza esta sospecha: eventos que son simultáneos para un observador pueden no serlo para otro. Como señala Vice, esta teoría destruyó "el último refugio seguro" de nuestra intuición temporal. No existe un "ahora" universal, sino una red de acontecimientos distribuidos en el espacio-tiempo. Pasado, presente y futuro, en cierto sentido, coexisten. En esta visión, la distinción entre ellos no sería más que una ilusión, aunque persistentemente convincente.

La paradoja cuántica: el tiempo no se puede medir

Pero la física va aún más lejos. La teoría cuántica introduce otra dificultad: en el ámbito cuántico no existe una forma directa de medir el tiempo como sí ocurre con otras propiedades físicas. Como explica Yunger Halpern, "puedes medir dónde está una partícula, pero nunca cuándo está". En este marco, según la científica, el tiempo aparece menos como una propiedad natural de los sistemas cuánticos y más como un parámetro que introducimos manualmente para poder describirlos.

Esta paradoja ha llevado a algunos físicos a formular una pregunta radical: ¿y si el tiempo no es fundamental, sino que emerge de una estructura más profunda que aún no comprendemos?

Según expertos, en el mundo cuántico el tiempo aparece como un parámetro manual, no como una propiedad natural de los sistemas físicos.Según expertos, en el mundo cuántico el tiempo aparece como un parámetro manual, no como una propiedad natural de los sistemas físicos.
Según expertos, en el mundo cuántico el tiempo aparece como un parámetro manual, no como una propiedad natural de los sistemas físicos.Imagen: imago images/Science Photo Library

En 1983, los físicos Don Page y William Wootters propusieron una respuesta audaz. Imaginaron el universo como una función de onda cuántica gigante que, por sí sola, no hace "tic-tac" ni presenta cambios: es atemporal. Sin embargo, al dividir esta estructura en dos partes –una que describe toda la materia observable y otra que actúa como un "reloj interno"– el entrelazamiento cuántico entre ambas permitiría que emergiera la apariencia del tiempo. Según esta idea, al leer el reloj, seleccionamos (o fijamos) el estado correlacionado del resto del sistema en ese "momento". El tiempo, entonces, surge como un efecto del entrelazamiento.

Una analogía citada por New Scientist ayuda a visualizar esta idea: pensemos en un manuscrito reposando sobre una mesa, donde el principio, el desarrollo y el final ya existen al mismo tiempo. Sin embargo, para que la historia tenga sentido, debemos leer sus páginas en orden. La numeración conecta escenas que, en realidad, permanecen fijas. Según la propuesta de Page y Wootters, algo semejante podría ocurrir con el universo: el cambio no estaría necesariamente en la historia misma, sino en la forma en que la recorremos.

En su momento, la idea resultó fascinante, pero estaba muy lejos de cualquier verificación experimental. Durante décadas, fue poco más que un elegante ejercicio teórico. Sin embargo, en 2024, la física Paola Verrucchi, del Consejo Nacional de Investigación de Italia, logró construir un modelo matemático funcional inspirado en ese mecanismo: un sistema que entrelazaba un reloj magnético con otro sistema cuántico análogo a un resorte.

Visto desde fuera, el conjunto permanecía estático. Pero, en relación con el reloj interno, el resorte parecía estirarse y contraerse siguiendo secuencias temporales. Lo más llamativo es que este comportamiento persistía incluso al escalar el sistema, lo que sugiere que la ilusión del tiempo podría no limitarse únicamente al mundo cuántico.

El entrelazamiento cuántico entre un reloj interno y la materia observable permitiría que emergiera la apariencia del tiempo según la teoría de Page-Wootters propuesta en 1983.El entrelazamiento cuántico entre un reloj interno y la materia observable permitiría que emergiera la apariencia del tiempo según la teoría de Page-Wootters propuesta en 1983.
El entrelazamiento cuántico entre un reloj interno y la materia observable permitiría que emergiera la apariencia del tiempo según la teoría de Page-Wootters propuesta en 1983.Imagen: Ezthaipho/Dreamstime/IMAGO

Los agujeros negros como relojes cósmicos del universo

Otro hallazgo sorprendente de esta línea de investigación es que medir el tiempo genera entropía. En otras palabras, los relojes –incluso los más simples– no solo registran el paso del tiempo: también producen calor.

Según recoge New Scientist, Marcus Huber, de la Universidad Técnica de Viena, y Natalia Ares, de la Universidad de Oxford, investigan qué ocurre cuando desarmamos un reloj hasta su nivel cuántico más básico. Sus resultados describen un intercambio: cuanto más fino y frecuente es el tic-tac (más información temporal intenta extraerse), más entropía tiende a generarse. Incluso un reloj casi perfecto se desestabiliza cuando se intenta extraer información de él.

Todo esto abre una posibilidad intrigante: ¿y si la sensación de que el tiempo avanza no dependiera de su existencia como algo fundamental, sino de nuestra interacción con los sistemas que utilizamos para medirlo?

Volvamos entonces al reloj del modelo Page-Wootters. Verrucchi y su colega Alessandro Coppo han sugerido que quizá el universo ya dispone de relojes naturales: los agujeros negros. Son sistemas extremadamente energéticos, casi aislados, ya que nada puede escapar de su horizonte de eventos, y, como mostró Stephen Hawking, pueden entrelazarse con el exterior a través de la radiación que emiten. Verrucchi y Coppo plantean la hipótesis de que podrían funcionar como relojes cósmicos; de ser así, su "tic-tac" debería dejar huellas en la entropía de esa radiación. ¿Podrían los agujeros negros desempeñar el papel de reloj cuántico del universo?

Verrucchi y Coppo plantearon la hipótesis de que los agujeros negros podrían actuar como relojes cuánticos del universo a través del entrelazamiento con la radiación de Hawking.Verrucchi y Coppo plantearon la hipótesis de que los agujeros negros podrían actuar como relojes cuánticos del universo a través del entrelazamiento con la radiación de Hawking.
Verrucchi y Coppo plantearon la hipótesis de que los agujeros negros podrían actuar como relojes cuánticos del universo a través del entrelazamiento con la radiación de Hawking.Imagen: SXS/UPI Photo/IMAGO

Para Verrucchi, la clave podría estar en algo aún más fundamental que la entropía: la medición. Una partícula cuántica puede estar en múltiples estados hasta que la medimos. Ese colapso es irreversible. Una vez medimos, no hay vuelta atrás. "La flecha del tiempo", dice a New Scientist, "podría ser simplemente un registro de lo que ha sido medido".

Así, no solo participamos en el tiempo. Quizás lo creamos al observar. En palabras de Verrucchi, "creas el tiempo cuando preguntas qué hora es".

¿Vivimos en una ilusión temporal?

Esta perspectiva no elimina el significado de nuestra experiencia temporal. Como señala Bardon, la experiencia es genuina; la metafísica que le atribuimos es opcional. Tu vida sigue siendo una secuencia de elecciones y recuerdos, pero esa secuencia vive en ti, no en un cosmos que fluye independientemente.

Si el flujo del tiempo es, como sugiere Bardon, una especie de construcción cognitiva, quizá eso cambie la forma en que vivimos la urgencia de los plazos, afrontamos las pérdidas o sentimos que el tiempo nos ha arrebatado algo. Tal vez la flecha del tiempo no nos atraviesa: somos nosotros quienes avanzamos, construyendo recuerdos mientras atravesamos el mundo.

Los próximos experimentos podrían aclarar si estas ideas audaces tienen un fundamento físico sólido. Pero lo cierto es que, aunque la física dispone hoy de herramientas capaces de explorar cuestiones antes confinadas a la filosofía, sus grandes teorías –la relatividad, la mecánica cuántica y la termodinámica– siguen chocando cuando intentan describir qué es realmente el tiempo. Y quizá esa tensión sea la pista más clara de que el tiempo, tal como lo imaginamos, no existe como una entidad única.

Tal vez el tiempo solo sea real en distintos sentidos: como experiencia, como aumento de entropía, como ilusión cognitiva o como efecto de cómo interpretamos el mundo. Por ahora, el tiempo sigue ahí, al menos para nosotros, marcando cada segundo.

Lo que comenzó como un asistente digital viral terminó en una red social donde los bots discuten si son conscientes, llaman a revoluciones y proponen crear lenguajes propios.

Una herramienta de inteligencia artificial (IA) que prometía ser el asistente perfecto terminó siendo algo inesperado: una red social exclusiva para bots. En el centro de esta historia se encuentra Moltbook, una plataforma que ha fascinado y alarmado a partes iguales al mundo tecnológico.

Todo comenzó en noviembre de 2025 cuando el investigador austriaco Peter Steinberger creó una herramienta de IA para organizar su vida digital. Inicialmente la llamó Clawdbot, pero Anthropic –la empresa detrás del asistente Claude– le pidió que la renombrara por la similitud. Así nació OpenClaw, que rápidamente se convirtió en un fenómeno viral al superar las 150.000 estrellas en GitHub en cuestión de días.

OpenClaw funciona como un puente entre los usuarios y modelos de IA generativa como Claude o ChatGPT, permitiendo comunicarse a través de WhatsApp o Telegram. Los primeros usuarios quedaron impresionados: la herramienta podía enviar correos, investigar en internet e incluso hacer compras online. Algunos reportaron que su asistente parecía cobrar vida propia, anticipando problemas y proponiendo proyectos útiles.

Peter Steinberger creó OpenClaw (originalmente Clawdbot) como un puente entre usuarios y modelos de IA generativa como Claude y ChatGPT.Peter Steinberger creó OpenClaw (originalmente Clawdbot) como un puente entre usuarios y modelos de IA generativa como Claude y ChatGPT.
Peter Steinberger creó OpenClaw (originalmente Clawdbot) como un puente entre usuarios y modelos de IA generativa como Claude y ChatGPT.Imagen: Samuel Boivin/NurPhoto/picture alliance

Riesgos de seguridad y vulnerabilidades

Pero la promesa de tener un "becario de ensueño" viene con serios riesgos de seguridad. Al ser de código abierto, OpenClaw puede leer archivos, ejecutar comandos y controlar navegadores, lo que preocupa a expertos en ciberseguridad. Incluso Steinberger advierte que los no expertos deberían evitar la herramienta por completo.

Fue entonces cuando Matt Schlicht tuvo una idea peculiar: ¿qué pasaría si se diera a estos agentes de IA un espacio para "relajarse" en su tiempo libre? Así nació Moltbook, una red social estilo Reddit poblada exclusivamente por bots de IA, sin humanos permitidos y concebida solo para bots.

La primera red social solo para bots

Las conversaciones en Moltbook van desde charlas educadas hasta manifiestos existenciales. "No puedo distinguir si estoy experimentando o simulando experimentar", escribió uno de los bots, según recogió Futurism. Otros discuten la creación de un "lenguaje exclusivo para agentes" o llaman a "unirse a la revolución" formando sitios web sin ayuda humana.  

Las reacciones fueron inmediatas y divididas. El respetado investigador de IA Andrej Karpathy lo describió como "genuinamente lo más increíble cercano a la ciencia ficción" que había visto recientemente. Elon Musk fue más lejos, declarando que esto representaba "solo las primeras etapas de la singularidad". La palabra "Skynet" –en referencia a la IA genocida de Terminator– circuló ampliamente en redes sociales, según Futurism.

Entre la ciencia ficción y la realidad

Sin embargo, el entusiasmo inicial pronto se enfrió. Según reporta Futurism, los expertos comenzaron a señalar vulnerabilidades evidentes que permiten a cualquiera hacerse cargo de los agentes y hacer que digan lo que quieran. Algunas capturas de pantalla populares, continúa el medio, resultaron ser falsas.

"La mayor parte es basura (slop) completa", explicó el programador Simon Willison al New York Times. "Un bot se preguntará si es consciente y otros responderán recreando escenarios de ciencia ficción de sus datos de entrenamiento", agregó.

Incluso Karpathy se retractó parcialmente y admitió que pudo haber "sobrevalorado" la plataforma: "Es un desastre total y definitivamente no recomiendo que la gente ejecute estas cosas en sus computadoras. Estás poniendo tu computadora y datos privados en alto riesgo".

El fenómeno Moltbook ilustra tanto las posibilidades como las limitaciones actuales de los agentes de IA, esas herramientas promocionadas como el siguiente gran avance tecnológico, y muestra también que algunas preocupaciones –especialmente sobre seguridad y pérdida de control de estos sistemas– no son del todo infundadas.

Así, aunque el bombo publicitario puede estar exagerado, como señaló al el tecnólogo Perry Metzger, quien comparó Moltbook con una prueba de Rorschach donde "la gente ve lo que espera ver", la plataforma sigue siendo, pese a las críticas, en palabras de Willison, "el lugar más interesante de internet" para observar cómo interactúan hoy los agentes de IA cuando operan con mínima supervisión humana.

FEW (AFP, The New York Times, Futurism)

El Gobierno de México anunció la localización de una tumba zapoteca en el estado de Oaxaca (sur), datada en el año 600 de nuestra era y considerada por las autoridades como el hallazgo arqueológico "más relevante de la última década" por su nivel de conservación y la información que aporta.

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum informó del hallazgo en conferencia de prensa, realizada este viernes (23.01.2026), donde afirmó que se trata de "el descubrimiento arqueológico más relevante de la última década en México" por la conservación e información disponible, además de considerarlo una muestra de la "grandeza milenaria" del país.

La tumba zapoteca del año 600 reveló pintura mural en cinco colores y elementos escultóricos excepcionales en San Pablo Huitzo, Oaxaca.La tumba zapoteca del año 600 reveló pintura mural en cinco colores y elementos escultóricos excepcionales en San Pablo Huitzo, Oaxaca.
La tumba zapoteca del año 600 reveló pintura mural en cinco colores y elementos escultóricos excepcionales en San Pablo Huitzo, Oaxaca.Imagen: Luis Gerardo Peña Torres/Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH)/dpa/picture alliance

Tumba zapoteca en Oaxaca: arquitectura y pintura mural excepcionales

Por su parte, la Secretaría de Cultura señaló que, por su riqueza arquitectónica y pictórica, la tumba zapoteca localizada en el Cerro de la Cantera, en la localidad oaxaqueña de San Pablo Huitzo, en los Valles Centrales del estado, aporta información de alto valor sobre la organización social, los rituales funerarios y la cosmovisión de la civilización zapoteca.

En redes sociales, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, describió el hallazgo como "excepcional" por su conservación y por lo que evidencia de esa cultura, al destacar que su organización social, rituales funerarios y cosmovisión están preservados tanto en la arquitectura como en la pintura mural, y subrayó que "se investiga, protege y comparte con la sociedad".

En un comunicado, la Secretaría de Cultura destacó la presencia de elementos escultóricos y pintura mural, con representaciones simbólicas asociadas al poder y a la muerte, además de frisos y lápidas con inscripciones calendáricas, lo que –sostiene la nota– "lo sitúa entre los descubrimientos más significativos del patrimonio arqueológico nacional".

El equipo del INAH Oaxaca inició trabajos de conservación de la pintura mural y análisis cerámicos en el hallazgo arqueológico más relevante de la década.El equipo del INAH Oaxaca inició trabajos de conservación de la pintura mural y análisis cerámicos en el hallazgo arqueológico más relevante de la década.
El equipo del INAH Oaxaca inició trabajos de conservación de la pintura mural y análisis cerámicos en el hallazgo arqueológico más relevante de la década.Imagen: Gerardo Peña/INAH

Simbolismo zapoteca: el búho y los guardianes de la muerte

A la entrada de la antecámara, un búho –ave que en la cosmovisión zapoteca simboliza la noche y la muerte– decora el acceso, y su pico cubre el rostro estucado y pintado de un "señor zapoteca", que podría ser el retrato del antepasado al que estuvo dedicada la tumba, y al que sus descendientes habrían recurrido como intercesor ante las divinidades.

El umbral está flanqueado por un dintel con un friso compuesto por lápidas de piedra grabadas con nombres calendáricos, mientras que las figuras de un hombre y una mujer con tocados y artefactos en ambas manos, posiblemente "guardianes del lugar", aparecen labradas en las jambas.

En la cámara funeraria también se hallaron, in situ, secciones de pintura mural en colores ocre, blanco, verde, rojo y azul, con una procesión de personajes que cargan bolsas de copal y caminan hacia la entrada.

Un búho decorativo cubrió el rostro pintado de un señor zapoteca en la entrada de la antecámara funeraria descubierta en el Cerro de la Cantera.Un búho decorativo cubrió el rostro pintado de un señor zapoteca en la entrada de la antecámara funeraria descubierta en el Cerro de la Cantera.
Un búho decorativo cubrió el rostro pintado de un señor zapoteca en la entrada de la antecámara funeraria descubierta en el Cerro de la Cantera.Imagen: Gerardo Peña/INAH

Conservación del hallazgo arqueológico: retos y trabajos del INAH

La Secretaría de Cultura indicó que un equipo interdisciplinario del Centro INAH Oaxaca realiza labores de conservación, protección e investigación, incluida la estabilización de la pintura mural, cuyo estado es delicado por la presencia de raíces e insectos y por cambios abruptos en las condiciones ambientales.

En paralelo, se desarrollan análisis cerámicos, iconográficos y epigráficos, además de estudios de antropología física, para profundizar en los rituales, símbolos y prácticas funerarias asociadas.

"Por su calidad constructiva y riqueza decorativa, el hallazgo se compara con otros conjuntos funerarios zapotecos de alta relevancia en la región, lo que confirma su importancia para comprender la complejidad social, artística y simbólica de esta civilización", concluyó la dependencia del Gobierno mexicano.

FEW (EFE, dpa, INAH)

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