La Guardia Costera de EE. UU. proseguía este miércoles la búsqueda de 39 personas desaparecidas tras naufragar el bote en el que viajaban frente a la costa de Florida, en un hecho "sospechoso de tráfico de personas".

De acuerdo con un comunicado, un "buen samaritano" alertó a las autoridades el martes (25.01.2022) sobre las 08H00 (13H00 GMT) tras rescatar a un hombre aferrado a una embarcación volcada, unos 70 kilómetros al este de la ensenada de Fort Pierce, en el Atlántico.

El náufrago relató que en la noche del sábado había salido de las islas Bimini, en las Bahamas, con otras 39 personas, y que un temporal había volcado la embarcación en la mañana del domingo. Las autoridades sospechan que se trata de un caso de "tráfico humano".

Ninguna de las personas a bordo llevaba chaleco salvavidas, según el sobreviviente, quien fue trasladado a un hospital de Florida para tratar síntomas de deshidratación y de exposición excesiva al sol.

 

Una imagen publicada por la Guardia Costera mostraba la embarcación volcada en el agua con un hombre a horcajadas sobre el casco.

"Tripulaciones aéreas y de superficie de la Guardia Costera buscan activamente personas en el mar. Este es una hecho sospechoso de contrabando de personas", dijo el comunicado de esa fuerza publicado en Twitter.

El ratrillaje abarca una zona desde las islas Bimini, al este de Miami, hasta la ensenada de Fort Pierce, más al norte, en una operación que siguió durante la noche.

Un helicóptero de la Guardia Costera de EE. UU.

La Guardia Costera de EE. UU. sigue rastreando la zona del naufragio.

Los traficantes de personas usan las Bahamas, un archipiélago cerca de la costa de Florida, como punto de partida para transportar personas, muchas de ellas procedentes de otros países del Caribe como Haití, a Estados Unidos.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, alrededor de 5.000 inmigrantes haitianos trabajan legalmente en las Bahamas, pero entre 20.000 y 50.000 de sus compatriotas están ilegalmente.

CP (afp, rtr)

¿Preferiría recibir la vacuna COVID a través de una aguja o de un aerosol nasal? Los científicos están trabajando para hacer realidad las vacunas nasales contra COVID-19.

Cuando pensamos en las vacunas contra el COVID-19, la enfermedad provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, la mayoría de nosotros nos imaginamos una aguja puntiaguda, y algunos incluso nos desmayamos. Pero, ¿y si vacunarse fuera tan fácil como inhalar un spray nasal?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cada año se administran más de 16.000 millones de inyecciones en todo el mundo. Esta cifra va a aumentar este año: la campaña mundial de vacunación contra el COVID podría requerir 5.600 millones más.

Los científicos trabajan actualmente en alternativas para satisfacer la elevada demanda, incluidas las vacunas nasales. Cuando una vacuna se administra por la nariz, el huésped produce una respuesta inmunitaria en la mucosa, en lugar de la infección.

Aprovechar la tecnología actual

En México, los científicos están trabajando en una vacuna nasal llamada Patria y esperan poder iniciar pronto los ensayos clínicos.

Con su equipo de investigación, Peter Palese, presidente del Departamento de Microbiología de la Escuela de Medicina Ichan, del Hospital Mount Sinai de Estados Unidos, desarrolló el ingrediente clave que se utiliza en la vacuna nasal.

 
 
 
 

México desarrolla su propia vacuna

En su intervención en el programa de televisión de DW "Especial Coronavirus", Palese dijo que una de las principales ventajas de la vacuna nasal es que puede almacenarse en un frigorífico común a entre 2 y 4 grados centígrados, en lugar de las temperaturas ultrabajas que requieren las vacunas de Pfizer y Moderna.

Como la vacuna se cultiva en huevos de gallina —la misma tecnología utilizada para muchas vacunas contra la gripe en todo el mundo—, el coste de desarrollo también es más barato.

"Es mucho, mucho más barato producir esta vacunan en comparación con las vacunas de ARN mensajero de Pfizer y Moderna", dijo Palese a DW.

Actualmente se están facilitando los ensayos de fase uno y dos en paralelo, debido a la urgencia de la pandemia. En los ensayos, participan personas de cinco países y se espera que los datos iniciales lleguen en julio.

"Funciona maravillosamente en animales, tenemos estudios fantásticos y convincentes en hámsters y ratones, pero obviamente los ratones y los hámsters no son humanos", adelantó Palese.

Una vacuna más eficaz

Los científicos de la Universidad de Washington, en San Luis, Missouri, también están trabajando en una vacuna nasal contra el COVID. Un equipo de investigación, dirigido por el inmunólogo viral Michael Diamond y el oncólogo David Curial, descubrió que los ratones que recibieron una única dosis de la vacuna por la nariz estaban totalmente protegidos del SARS-CoV-2. Sin embargo, los ratones que recibieron la misma vacuna por inyección solo estaban parcialmente protegidos.

 
 
 
 

Especial Coronavirus - ¿Qué ayuda contra ómicron?

Para fabricar la vacuna, los investigadores insertaron la proteína de la espiga del SARS-CoV-2 dentro de un adenovirus que causa el resfriado común. Pero alteraron el adenovirus para que no pudiera causar la enfermedad. Esto permite que el organismo desarrolle una defensa inmunitaria contra esta proteína de la espiga.

"También es importante que una sola dosis haya producido una respuesta inmunitaria tan robusta", dijo Curial en un comunicado de prensa. "Las vacunas que requieren dos dosis para una protección completa son menos eficaces porque algunas personas, por diversas razones, nunca reciben la segunda dosis", añadió.

Dado que la vacuna no contiene ningún virus vivo, también sería una buena opción para las personas cuyo sistema inmunitario está comprometido por enfermedades como el cáncer, el VIH y la diabetes, prometen los científicos.

No es una idea nueva

La idea puede parecer novedosa, pero las vacunas sin aguja existen desde hace décadas.

La primera que tuvo una gran repercusión fue la vacuna oral contra la poliomielitis, que todavía se utiliza en países de bajos ingresos. La vacuna contiene una versión debilitada del poliovirus y actúa infectando el tracto gastrointestinal y provocando una respuesta inmunitaria en el huésped.

También existen vacunas orales contra la fiebre tifoidea, el cólera y el rotavirus, así como una vacuna nasal contra la gripe. Estas también contienen formas debilitadas del patógeno que causa la enfermedad.

(gg/rml)

La protección más alta del estudio, no obstante, se dio entre quienes tenían vacunas y COVID-19 previo. Por este, y otros motivos, los CDC aseguran que la vacunación sigue siendo la estrategia más segura para protegerse.

Durante la última oleada de coronavirus en Estados Unidos impulsada por la variante delta, las personas no vacunadas pero que sobrevivieron al COVID-19 estaban mejor protegidas que aquellas que se vacunaron y no estuvieron infectadas antes, según un nuevo estudio publicado la semana pasada.

El hallazgo se suma al debate sobre las fortalezas relativas de la inmunidad natural en comparación con la que se adquiere mediante la vacuna contra el SARS-CoV-2, y tiene el visto bueno de la agencia federal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.  

Infectarse no es una buena estrategia

Sin embargo, los autores del artículo advirtieron contra la dependencia de la infección como estrategia para adquirir inmunidad dado el mayor riesgo de hospitalización, impactos a largo plazo y muerte en personas no vacunadas, si se compara con quienes se vacunan. 

"El nivel de protección que ofrece la vacunación y la supervivencia a una infección anterior cambió durante el período de estudio. La vacunación sigue siendo la estrategia más segura para protegerse contra el COVID-19", informaron los CDC en un comunicado. 

Estudio llevado a cabo antes de las vacunas de refuerzo

El análisis se hizo antes de que las inyecciones de refuerzo estuvieran ampliamente disponibles y también antes de la aparición de la variante ómicron, para la cual, tanto la inmunidad de la vacuna como la de la infección previa, parecieron disminuir.

El nuevo estudio involucró a pacientes en Nueva York y California entre el 30 de mayo y el 30 de noviembre de 2021. 

Para la semana del 3 de octubre, las tasas de casos entre personas vacunadas sin COVID-19 previo eran alrededor de seis veces más bajas en California y cinco veces más bajas en Nueva York, en comparación con las no vacunadas y sin COVID-19 previo. 

Pero las tasas de contagio fueron sustancialmente más bajas entre las personas con COVID-19 previo, hasta 29 veces en California y 15 veces en Nueva York, entre las personas no vacunadas con un diagnóstico previo, en comparación con las que no estaban vacunadas ni habían tenido COVID-19. 

 
 
 
 
 

Alemania: escuelas abiertas pese a ómicron

Cambio en la relación de protección

Antes de que delta se volviera dominante, la vacunación confería mayor inmunidad que la propia infección. Pero la relación cambió cuando la variante se volvió predominante a fines de junio y julio. 

La protección más alta del estudio se dio entre quienes tenían vacunas y COVID-19 previo, y las tasas de hospitalizaciones siguieron un patrón similar. 

"Sesgo de selección"

Sin embargo, el estudio podría verse afectado por un efecto conocido como "sesgo de selección", ya que excluyó a las personas que murieron y que en su inmensa mayoría no estaban vacunadas. 

Otra investigación, que incluye un notable artículo científico de Israel en agosto, también encontró que la inmunidad natural fue más potente que las vacunas durante el aumento de delta. 

Pero los CDC de Estados Unidos habían tomado previamente la posición opuesta, según los datos anteriores a delta.   

"Se necesitan más estudios para establecer la duración de la protección contra una infección previa por tipo de variante, gravedad y sintomatología, incluida la variante ómicron", concluyó el artículo.

FEW (AFP, CDC)

Todo es cuestión de perspectiva: el resultado varía si consideramos el más alto por altitud, el más alto desde la base hasta la cima y el más alto por su distancia al centro del planeta. ¿Cuál es la montaña más alta?

Seguramente para muchos llegue como una gran sorpresa enterarse de que otros picos podrían ser considerados más altos que el todopoderoso Monte Everest. Y quizás, aún en este momento, pueda que sigan estando escépticos. ¿Es esto verdaderamente cierto? La respuesta corta es sí, todo depende de cómo se midan las cumbres de nuestro planeta.

No es ningún secreto que el Monte Everest, también conocido como Chomolungma o Sagarmāthā, es a todas luces el rey de las montañas. Su descomunal altura de 8.848,86 metros la hace la más famosa de todas. No obstante, ahí radica una crucial diferencia que puede destronar (o no) al Everest como la montaña más alta del mundo.

La medición del Everest, la cual de hecho ha cambiado muchas veces en las últimas décadas –en pocos metros, nada preocupante para esta contienda–, toma como base el nivel medio global de la superficie del océano. Lo que plantea una pregunta fundamental: ¿por qué utilizamos "sobre el nivel del mar" para determinar el pico más alto del mundo?

El Monte Everest, la joya de la corona del Himalaya nepalí.

El Monte Everest, la joya de la corona del Himalaya nepalí.

Más allá de la precisión científica de establecer qué consideramos "el nivel medio del mar", y de cómo este puede fluctuar, especialmente con el cambio climático –lo cual le seguiría otorgando al Monte Everest su merecido puesto número uno–, ¿qué pasaría si simplemente medimos desde la base hasta la cima?

El más alto desde la base hasta la cima

Bajo este parámetro la respuesta puede cambiarnos nuestra percepción sobre las montañas en nuestro planeta. Y es que el Everest perdería su ventaja por 1.363 metros. En esta categoria, el honor correspondería así al Mauna Kea ("Montaña Blanca"), un volcán inactivo de la Isla Grande de Hawái.

Aunque su cima está a 4.205 m sobre el nivel del mar –muy por debajo del elevado cenit de su rival en el Himalaya y que los emblemáticos "ochomiles", las 14 montañas que superan los 8.000 metros de altitud–, la mayor parte del Mauna Kea está oculta en las profundidades del Océano Pacífico, donde tiene su origen. Así, si se comparan ambos desde la base hasta el pináculo, el Mauna Kea, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, tiene 10.211 metros de altura, lo que lo sitúa muy por encima del Everest.

El Mauna Kea (Montaña Blanca) en Hawái.

El Mauna Kea ("Montaña Blanca") en Hawái.

La medición de base hasta la cima puede que no convenza a todos. "Todo depende de la perspectiva que se adopte (…) Si no hubiera océanos en nuestro planeta, no habría debate. Se podrían establecer comparaciones con las montañas más altas de otros cuerpos de nuestro sistema solar, que no tienen océanos", aseguró Martin Price, profesor y director fundador del Centro de Estudios de Montaña de la Universidad de las Tierras Altas y las Islas, en Escocia, al medio científico Live Science.

El más alejado al centro de la Tierra

Pero la contienda no acaba aquí. Al debate sobre el Mauna Kea y el Monte Everest llega un tercer contrincante. Y con él, un tercer parámetro de medición.

La Tierra no es una esfera perfecta, sino que es un esferoide oblato, un poco más gruesa o abombada en el Ecuador, debido a la fuerza centrífuga creada por la rotación constante del planeta. Bajo esta consideración, el punto más alto sobre el centro de la Tierra es la cima del monte Chimborazo, en Ecuador.

Infografik Die höchsten Berge der Welt ES

Lo que sorprende de considerar, bajo esta perspectiva, el monte Chimborazo como la más alta del mundo radica en que no es siquiera la montaña más alta de los Andes; tampoco clasifica, con sus 6.263,47 metros de altura, entre las 30 primeras.

Sin embargo, considerando la protuberancia de la Tierra, la cumbre del Chimborazo, a solo 1 grado al sur del ecuador, está a 2.072 metros más lejos del centro del planeta que el pico del Everest. Esto hace que el Chimborazo sea el punto de la Tierra más cercano a las estrellas.

El volcán Chimborazo.

El volcán Chimborazo.

Sin oportunidades de ganar en el sistema solar

Sea cual sea la montaña elegida, si este ejercicio de "todo es cuestión de perspectiva" se llevase a nivel de nuestro sistema solar, no habría lugar para ningún debate. Todas las montañas de nuestro planeta quedarían empequeñecidas en comparación con el Olimpo de Marte, el mayor volcán conocido del sistema solar, con una altura de 21,9 kilómetros, casi tres veces la altura del Everest.

Foto del volcán Olympus Mons en Marte tomada con la sonda Mars Global Surveyor.

Foto del volcán "Olympus Mons" en Marte tomada con la sonda Mars Global Surveyor.

No obstante, si incluimos cráteres y asteroides, el premio mayor podría todavía ser arrebatado por el cráter de impacto Rheasilvia en el asteroide Vesta, en el cinturón de asteroides. Según el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el pico en el corazón de este cráter podría tener una altura de entre 20 y 25 kilómetros, superando a todos los mencionados.

Ahora que conoce los diferentes parámetros en juego, ¿cuál es para usted la montaña más alta de todas?

En un nuevo estudio sobre la vacunación del COVID-19 se demuestra que casi un tercio de los pacientes dijeron experimentar fatiga y dolor de cabeza a causa de la vacuna, pero solo recibieron una solución salina.

El efecto placebo es un área de investigación fascinante porque ilustra muy bien el poder de la mente humana. La palabra placebo significa algo así como "agradaré o complaceré". Este efecto se produce cuando el estado de salud de las personas mejora luego de recibir una píldora que no contiene agentes medicinales. De esta manera, la homeopatía también podría provocar un efecto en las personas, aunque sus medicamentos no contengan un ingrediente activo detectable.

Sin embargo, el efecto placebo también existe en sentido inverso y se conoce como nocebo. Derivado del latín "nocere" (hacer daño), significa "dañaré". El efecto nocebo se produce cuando un tratamiento simulado tiene consecuencias negativas, por ejemplo, cuando las personas suelen sentir los efectos secundarios esperados de un medicamento que no han recibido.

Y es aún más complicado: aunque los pacientes hayan recibido una sustancia médica, a menudo también hay un efecto placebo o nocebo. Esto depende, por cierto, de cada terapia y de las diversas expectativas que cada paciente tiene. Por ejemplo, si se imagina o espera tener náuseas después de tomar un medicamento, estas se producirán con mayor frecuencia, aunque este efecto es muy difícil de medir.

Recientemente, un grupo de investigadores de Estados Unidos y Alemania buscó sistemáticamente los efectos nocebo en varios estudios de la vacuna contra el COVID-19. Y los encontró. Según el estudio, publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA), aproximadamente uno de cada tres sujetos que no había recibido ninguna vacuna se quejaba de reacciones adversas relacionadas con esta.

¿Vacuna COVID-19 o solución salina?

Julia Haas y Sarah Ballou, expertas en placebos de la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston (Massachusetts), trabajaron junto a Friederike Bender, psicóloga de la Universidad de Marburgo (Alemania), y a otros expertos médicos de Estados Unidos para analizar doce estudios sobre vacunas contra el COVID-19 con un total de 45.380 sujetos de 16 años o más. De ellos, 22.578 recibieron un placebo que, por lo general, fue una solución salina.

Todos los estudios se habían completado antes del 14 de julio de 2021. Aquellas investigaciones en las que los grupos de control habían recibido otras vacunas o adyuvantes se descartaron desde el principio. Los adyuvantes son aditivos que suelen contener las vacunas y que se supone que potencian su efecto. 

Muchos efectos secundarios no tienen nada que ver con la vacuna

Después de la primera dosis, el 35,2% de los sujetos que recibieron un placebo dijeron sufrir efectos secundarios sistémicos, incluidos dolores de cabeza (el 19,3%) y fatiga (el 16,7%). Estos fueron también los efectos secundarios sistémicos más frecuentes.

El 16% se quejó de efectos secundarios locales no sistémicos. Por ejemplo, rigidez en el brazo, hinchazón, dolor o inflamación en el lugar de la inyección. Y luego de la administración de la segunda dosis de placebo, el 31,8% dijo tener efectos secundarios sistémicos y un 11,8% efectos locales no sistémicos. 

En comparación, los efectos secundarios observados fueron más frecuentes entre los sujetos que habían recibido realmente una vacuna: el 46,3% informó de efectos secundarios sistémicos y el 66,7% de efectos secundarios locales tras la primera vacunación. Tras la segunda dosis, estos valores aumentaron al 61,4% de efectos secundarios sistémicos y al 72,8% de efectos locales.

 
 
 
 
 

Placebos contra el dolor

¿Cuánto nocebo experimentan las personas vacunadas?

Como ya se ha mencionado, los efectos placebo y nocebo se producen con cada terapia, es decir, también cuando los pacientes reciben una medicación eficaz. A la vista de los fuertes efectos nocebo observados con las vacunas, surgió una pregunta apasionante para los investigadores médicos: ¿Qué tan fuerte es realmente el efecto nocebo en las personas vacunadas? ¿Es posible calcular los efectos nocebo en los efectos secundarios de las personas vacunadas?

La respuesta: sí, es posible, según descubrieron las especialistas Haas, Ballou, Bender y sus compañeros de investigación. Para ello, calcularon la proporción de efectos nocebo en los no vacunados y transfirieron esta proporción a los vacunados. Como resultado, los investigadores descubrieron que, incluso en aquellos que habían recibido una vacuna, los efectos nocebo son dominantes dentro de los efectos secundarios.

Así, tras la primera vacunación, un 76% de los efectos secundarios sistémicos se atribuye al efecto nocebo y, para los efectos secundarios locales, un 24,3%. Después de la segunda vacunación, estos valores disminuyeron un poco, pero todavía alcanzaron al 51,8% para los efectos secundarios sistémicos y al 16,2% para los efectos secundarios locales.

Las observaciones indican que las expectativas de las personas vacunadas tienen una fuerte influencia en la percepción de los posibles efectos secundarios. Sin embargo, sería un error concluir que los efectos secundarios son provocados mayoritariamente por la imaginación. El efecto placebo o nocebo en sí mismo produce síntomas objetivamente medibles.

En conclusión, muchos de los síntomas son impulsados principalmente por las expectativas propias de cada individuo y no por la medicación. Pero los pacientes tampoco tienen cómo saberlo, aunque sepan exactamente lo que sienten.

(ju/lgc)

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